Partiendo de la base de que somos seres espirituales, pero también somos seres humanos es normal que la parte humana, es decir la parte del ego, de los pensamientos, del orgullo, se enganche a determinadas cosas a las que nos cuesta renunciar. Ganaremos en sosiego y en disfrute de la vida si aceptamos y renunciamos a ellas y dejamos de aferrarnos a ellas creyendo que son una condición para ser felices.

Nos enganchamos a algo nos agarramos algo y creamos una creencia «si no consigo esto no voy a ser feliz», O «si dejo de tener esto voy a ser infeliz». Suele ser un pensamiento inconsciente, pero se convierte en la energía que nos conduce día a día y muchas veces nos llena la vida de frustración.

Ahora estoy trabajando con una de las renuncias hacia mis hijos. Mis hijos pasan de ser niños a ser adultos y vuelan. Una renuncia fundamental para que la relación con mis hijos sea desde la libertad y no desde la imposición y no desde la decepción.

Cuando criamos a nuestros hijos somos lo más importante de su vida, desarrollamos inconscientemente una sensación de que son parte de nosotros. Y luego llega momento en el que ellos se definen como personas, necesitan tener un espacio, una distancia de nosotros para poder definirse, nos quieren igual, pero ya no somos el centro de su universo, dejamos de serlo y empiezan a ser más importante los amigos y los intereses.

Hay un rechazo por su parte y detrás de ese rechazo y de muchos de los conflictos que hay con los adolescentes hay un «necesito espacio, no soy tú, déjame por favor».

Renunciar a ser lo más importante en la vida de nuestros hijos es un mantra que me ayuda a ser más libre. Este es el mío:

Yo renuncio a que mis hijos me necesiten, renuncio a necesitar ser lo más importante y lo más prioritario en la vida de mis hijos, renuncio a que me dediquen tiempo, renuncio a que sepan valorar todo lo que les he dado, y a pesar de ello lo sé valorar yo, renuncio a hacerme responsable de sus acciones y les dejo libertad para que aprendan cuando se equivocan. Renuncio a hacerme responsable de su conciencia. Agradezco haber tenido el honor de acompañarlos.

 

Namaste

 

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